MALANDROS – Reseñas varios lectores

Iñaki Bustinduy

Este verano he tenido el placer de leer Malandros, la nueva novela de mi colega y amigo J.A. Aguilar.

La historia arranca con el suicidio de una víctima de la estafa de las preferentes y nos lleva por un camino de venganza, corrupción y poder en el que se entremezclan política, empresas, medios y sindicatos. Una trama donde la mentira, la indecencia y el lado oscuro de las personas aparecen con crudeza, y donde la justicia oficial no siempre basta.

Ya me encantó su primera obra, Gandallas, pero con Malandros, José Antonio se ha superado. La intriga propia de la novela negra se mezcla con un trasfondo empresarial muy original, logrando una historia intrépida y adictiva. Más allá de la acción, lo que más me ha gustado es su mirada crítica sobre el panorama político y social, un ejercicio de pensamiento crítico necesario en los tiempos que corren. Además, en algunos pasajes se respira la mejor tradición del admirado, y a la par añorado, Manuel Vázquez Montalbán.

En definitiva, una lectura altamente recomendable si os gusta el estilo que emana de sus obras de novela negra con trasfondo social y empresarial. Y parece ser que habrá una tercera… en ese caso, ávido de devorarla en un próximo estío (que seguro pronto llegará 🙂)

 

elescritor.es

Corrupción, venganza y sexo: la novela que desnuda el lado más oscuro del poder en España.

En Malandros, J.A. Aguilar construye una historia que se adentra con paso firme en las cloacas del poder, allí donde los despachos alfombrados esconden los secretos más turbios y donde la impunidad se sirve en bandeja de plata. Todo comienza con un suicidio: el de una víctima arruinada por la estafa de las preferentes, un episodio que, más allá de la ficción, evoca las heridas aún abiertas de la realidad reciente.

Ese gesto desesperado se convierte en el detonante de una espiral de venganza que unirá los destinos de Berto Crusellas, un empresario marcado por la injusticia, y Nito Serra, un detective dispuesto a traspasar los límites de la legalidad. Ambos protagonizan una cruzada personal que busca desenmascarar a uno de los responsables de aquel engaño masivo. Y lo harán al margen de una justicia oficial que, en demasiadas ocasiones, parece mirar hacia otro lado.

Aguilar no escatima en crudeza ni en lucidez. Con un pulso narrativo firme y una prosa que combina tensión con introspección, el autor disecciona las relaciones entre el poder político, empresarial y mediático, mostrando cómo sindicatos, medios de comunicación e intereses económicos tejen redes de corrupción tan sofisticadas como inmorales. El sexo, la mentira, la manipulación y el chantaje son parte del juego… un juego en el que todos, en mayor o menor medida, muestran su lado más oscuro.

Pero Malandros no es solo una novela sobre la venganza: es, sobre todo, una reflexión literaria sobre los límites de la ética, la fragilidad de la justicia y la naturaleza humana cuando se ve empujada al abismo. Aguilar nos recuerda que nadie es completamente inocente y que, en ciertas circunstancias, la línea entre el bien y el mal puede ser tan fina como una cláusula en letra pequeña.

En un contexto donde la corrupción parece haberse convertido en un paisaje cotidiano, esta obra destaca por su valentía al poner el foco en aquello que preferimos no mirar. Y lo hace con el ritmo del mejor thriller y la profundidad de la gran literatura contemporánea.

“Malandros” no solo se lee: se respira, se sufre y se cuestiona. Al cerrar sus páginas, el lector no puede evitar preguntarse si, llegado el momento, él también sería capaz de cruzar esa delgada línea… en nombre de la justicia.

 

Marzia Barberini (@unlibrounahistoria2024)

Cuando vivía en Caracas se hablaba de malandros aludiendo a pequeños delincuentes.

Estamos en el mundo empresarial, en el que, por estudios académicos y profesión, me siento cómoda.

Aquí tocamos temas importantes que son como un espejo de nuestra realidad. Hablamos de corrupción política, de sobornos, de dinero a cambio de favores. Y de la estafa de las preferentes.

La trama hace confluir todo lo anterior en un director general que deja su empleo para ofrecerse como consultor a otras organizaciones.

Lo que empieza como un trabajo acaba siendo una pasión benefactora algo sanguinaria, contra aquellos que tanto daño hicieron a la sociedad con su ambición.

Novela de venganza, de ansias de justicia fuera de los cauces oficiales.

Susana González

Lectura atrapante

Malandros es una novela negra inmersiva en las sombras de nuestra sociedad, con personajes complejos y una trama cinematográfica. La obra atrapa al lector desde las primeras páginas. José Antonio Aguilar y su capacidad para hilar un relato implacable, llevan a crear un ritmo de lectura trepidante, como ocurre en su primer libro «Gandallas», de capítulos cortos que mantienen el interés y las ganas de seguir leyendo. La misma estructura atrapante que regala al lector cambios de perspectiva, escenarios o giros inesperados, y que cuando lee ‘FIN’ lo que piensa es ‘¿CONTINUARÁ?’.

 

Juana Martínez Cánovas

De obligada lectura

Me enganché en la primera, Gandallas. En la segunda, Malandros, va adquiriendo más seguridad y te va enganchando de manera brutal. Esperando la tercera.

 

Anónimo

Que lo seleccionen para leerlo. Es una muy buena novela, que se da mucho en la vida real de grandes empresas y la relación con la política.

 

Jose Núñez – Entre birras y líneas

Leí Malandros con esa mezcla de curiosidad y aprensión que te entra cuando alguien te dice “esto va a escocer”. Y, amigo, escuece,  pero de esa forma que te limpia de dentro. J. A. Aguilar no tiene pelos en la lengua: pone el foco directamente donde duele, donde aprieta, donde duele de verdad. La novela arranca con un suicidio: un hombre que invirtió en preferentes, se vio arruinado al sentirse estafado (no un número, no una estadística, sino una persona real, con miedo, con deudas, con desesperación). 

Ese gesto desesperado no es un giro de guion, es la detonación de una bomba moral. A partir de ahí, la historia se convierte en una persecución implacable de justicia (o de lo que se supone que debería ser justicia), protagonizada por el empresario Berto Crusellas y el detective Nito Serra que deciden ir a por los verdaderos responsables. No sanitarios, no mediadores, no bancos… sino esos tipos de corbata, maletín, sobres bajo la mesa, y siglas de partidos o sindicatos detrás, quienes se aprovecharon sin escrúpulos. 

Lo que hace Malandros con la estafa de las preferentes (ese episodio oscuro de nuestra historia reciente) es devolverle el rostro a las víctimas. De pronto, ese término frío que oímos tantas veces en los medios deja de ser una abstracción: son madres, pensionistas, pequeños ahorradores, gente que confiaba en un banco como confía en el pan diario. Y cuando esa confianza se quiebra, cuando lo que parecía seguro se convierte en ruina, algunas voces dejaron de escucharse de por vida. Aguilar no pasa de puntillas sobre ese drama: lo clava. Esa valentía para narrar con crudeza y dignidad es ya, por sí sola, un mérito.

Pero no se queda en el drama íntimo. Aguilar (viejo lobo con experiencia en management, consultoría y empresas) usa esa sensibilidad con las cifras, los balances y la ambición de poder para diseccionar el engranaje. Nos abre la puerta a pasillos con moqueta, despachos con luz tenue, teléfonos silenciados, café para visitantes, y sobres con dinero que cambian de manos en un silencio cómplice. Política, sindicatos, prensa, empresarios: todos metidos en un cóctel letal, enredados en un sistema que apesta a podredumbre. 

La narrativa acompaña de lujo: ritmo ágil, diálogos cortantes, descripciones lo suficientemente precisas para que imagines el asfalto bajo los pies del detective o el frío de un despacho blindado de impunidad. Pero también hay matices de introspección, de rabia, de ese malestar que no sabes si es por la injusticia, por la impotencia, o por la tristeza de saber que, a veces, la ley no basta. Hay venganza, sí, pero sobre todo hay exigencia de memoria. Las víctimas no se pueden olvidar, y Aguilar parece decirnos: “ojo, que esto no puede repetirse”.

Para quien guste de la novela negra con sustancia, Malandros golpea donde pocos se atreven: no tanto por violencia física (aunque la hay), sino por la violencia moral de un sistema que engaña, arruina y, en el peor de los casos, conduce al abismo. El hecho de que el detonante sea la estafa real de las preferentes le añade una capa de gravitas: esto no es ficción conspiranoica, es un reflejo (muy oscuro) de lo que muchos vivieron en carne propia. 

Y, sin embargo, hay algo esperanzador. Porque los que cambian de bando, los que deciden rebelarse (ya sea por rabia, por culpa, por justicia o por una mezcla de todo), nos recuerdan que la dignidad no se compra con dinero, aunque algunos lo intenten. Esa línea de luz (mejor dicho, esa raya) entre la corrupción y la dignidad, entre el poder y la vulnerabilidad, es donde Aguilar sitúa a sus personajes. No para redimirlos, pero sí para mostrarlos humanos, vulnerables, capaces de gritar cuando el silencio es la moneda de cambio.

En definitiva: Malandros es más que una novela; es una bofetada emocional con esencia negra, un espejo incómodo de nuestra sociedad, y un grito literario de justicia frente al silencio. Leerlo duele y a la vez reconforta, porque confirma lo que ya sospechabas: que muchas veces la ficción simplemente pone palabras y nombres a lo que otros quieren enterrar bajo alfombras.

Si en tu estantería hay sitio para una novela negra que no se ande con medias tintas, que tenga huevos y de paso una mirada incisiva a la corrupción y al coste humano de las estafas financieras, éste es un sí rotundo. Que se note que hay alguien con cojones a señalar con el dedo.

Porque al final, una novela así sirve para recordar que abrir los ojos nunca es suficiente: también hace falta no volver a cerrarlos. 

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